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sección sinfonier,
(chifonier),
y otros muebles estrechos
en maderas de teka,
palisandro, pino... etc.


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ampliadas
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Foto sinfonier nº 12
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Foto sinfonier nº 13
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Foto sinfonier nº 14
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La palabra sinfonier se presta a
cierta confusión. En castellano como tal
no existe. Al menos no se reconoce en el Diccionario de
la Real Academia Española, si bien
sí se recoge Chifinier que se
define como cómoda alta y con cajones.
En origen es una palabra francesa: chiffonier.
Pero la denominación más extendida en el
habla de la calle es sinfonier.
Y dado que el usuario no busca un
mueble para su casa a partir de su etimología, ni
le preocupa la definición
académica, sino que tal vez tenga en
alguna habitación un hueco estrecho que
cubrir, o un
espacio pequeño entre muebles, o entre un
mueble y la pared que necesita aprovechar,
incluimos en esta sección de sinfonier
/ chifonier otro tipo de muebles más
estrechos que anchos, incluso aquello que
no llevan cajones, sino tablas
intermedias, repisas, baldas, puertas,
rejillas, etc., aunque no sean
propiamente sinfonieres con cajones,
o aunque su uso sea decorativo,
o para guardar zapatos, o libros, etc.
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| Jadur-India
se suma a la campaña en pro de la lectura con ocasión del centenario del
Quijote reproduciendo aquí este |
Fragmento del Capítulo 1, que trata de la condición y
ejercicio del famoso hidalgo D. Quijote de la Mancha
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,
no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga
antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero,
salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los
viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes
de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo
para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se
honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de
los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y
plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de
nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de
carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que
tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en
los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja
entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta
que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
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